Históricamente, las organizaciones han gestionado la jubilación de sus líderes como un hito estrictamente administrativo y transaccional. En los departamentos de Recursos Humanos, el proceso suele seguir un guión predecible: una placa de reconocimiento, una comida de despedida y el procesamiento del pago de los beneficios de ley o planes privados. En ese punto, la empresa considera el ciclo cerrado, asumiendo que ha cumplido con su deber ético y fiduciario.