Cuando un colaborador se aproxima a la jubilación, las organizaciones suelen centrar su atención en aspectos financieros: la existencia de una pensión, un plan privado de retiro o el nivel de patrimonio acumulado.
Esta aproximación es comprensible. Los indicadores financieros son tangibles, cuantificables y relativamente fáciles de evaluar. Sin embargo, diversas investigaciones sugieren que la preparación para la jubilación involucra dimensiones más amplias que la disponibilidad de recursos económicos.
La evidencia muestra que contar con seguridad financiera es una condición necesaria, pero no suficiente, para facilitar una transición satisfactoria hacia esta nueva etapa de vida.
Más allá de los recursos financieros
En nuestra Primera Encuesta de Jubilados, el 87% de los ejecutivos senior reportó contar con un plan formal de pensiones. No obstante, únicamente el 20% consideró tener una preparación financiera sólida para la siguiente etapa de su vida, y apenas el 19% manifestó sentirse emocionalmente preparado para enfrentar la transición al retiro.
Estos hallazgos son consistentes con investigaciones internacionales que muestran que la adaptación a la jubilación depende de múltiples factores, incluyendo el sentido de propósito, la identidad personal, las relaciones sociales, el estado de salud y la percepción de control sobre el futuro (Wang & Shi, 2014; Beehr, 2014).
En otras palabras, disponer de recursos financieros y sentirse preparado para la jubilación son variables relacionadas, pero no equivalentes.
Implicaciones y oportunidad para las organizaciones
La jubilación representa un proceso individual, pero también constituye un evento relevante para la organización. La literatura sobre gestión del talento y sucesión señala que las transiciones de personal en posiciones clave pueden generar desafíos asociados con la transferencia de conocimiento, la continuidad operativa y la preparación de sucesores (DeLong, 2004; Rothwell, 2010).
Cuando la transición se aborda únicamente desde una perspectiva administrativa o financiera, pueden surgir riesgos como procesos de sucesión insuficientemente planificados, pérdida de conocimiento crítico, periodos prolongados de adaptación para quienes asumen nuevas responsabilidades, y percepciones negativas sobre el trato que la organización brinda al cierre de una trayectoria laboral.
Existe consenso en que una planificación anticipada reduce significativamente estos riesgos — y, vista de otro modo, los convierte en oportunidad: las organizaciones que anticipan esta transición fortalecen su continuidad operativa, preservan conocimiento institucional y acompañan a sus colaboradores en una de las etapas más importantes de su vida.
Una visión integral de la jubilación
La jubilación no es únicamente una decisión financiera ni exclusivamente un proceso humano. Es una transición que involucra múltiples dimensiones de la vida de una persona. Por ello, los modelos más recientes de preparación para el retiro promueven enfoques integrales que consideran aspectos financieros, salud física y mental, relaciones familiares y sociales, identidad profesional y propósito de vida (WHO, 2015; Stanford Center on Longevity, 2022).
Desde esta perspectiva, la pregunta relevante no es si la jubilación es financiera o humana. La pregunta es si las organizaciones están abordando la transición con la misma integralidad con la que las personas la experimentan.
myRetirement acompaña a las organizaciones en el diseño de esa preparación integral — financiera y humana — antes de que la transición se convierta en una crisis de continuidad.
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Sobre el autor
Enrique Marín
Experto en finanzas personales y retiro
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